La Iglesia católica ha reiterado su rechazo categórico a la gestación subrogada tras conocerse que Rob Jetten, primer ministro de los Países Bajos, será padre junto a su pareja, el jugador argentino de hockey Nicolás Keenan, mediante esta práctica reproductiva.

Desde la Santa Sede se ha recordado la posición doctrinal de la Iglesia respecto a los vientres de alquiler, considerándolos contrarios a la dignidad de la mujer y del ser humano. Los órganos competentes del Vaticano han subrayado que esta técnica vulnera principios fundamentales de la bioética católica y la concepción natural de la maternidad.

La postura eclesiástica se fundamenta en que la gestación subrogada instrumentaliza el cuerpo femenino y rompe la conexión indisoluble entre la procreación y el acto matrimonial. Además, la Iglesia argumenta que esta práctica genera desigualdades sociales, al permitir que personas con mayores recursos económicos accedan a servicios reproductivos que explotan la vulnerabilidad de mujeres en situaciones de pobreza.

El caso del primer ministro neerlandés ha servido como ocasión para que diversos comunicados de organismos vaticanos enfaticen la necesidad de defender la vida desde su concepción natural y rechazar cualquier forma de comercialización del cuerpo humano.

La Iglesia católica continúa promoviendo alternativas como la adopción, considerando que ofrece una solución que respeta la dignidad de todas las partes involucradas: padres, hijos y madres biológicas. Esta posición se alinea con los documentos pontificios recientes que abordan cuestiones de bioética y derechos reproductivos en el contexto de la sociedad contemporánea.