Hace un siglo, la Iglesia católica alcanzaba un hito histórico en su misión evangelizadora en Oriente. El 28 de octubre de 1926, el Papa Pío XI presidió en la basílica de San Pedro la ordenación de seis obispos chinos, los primeros en la historia de la Iglesia procedentes de China.

Este acontecimiento representó un momento trascendental para la presencia católica en territorio chino, marcando el reconocimiento de una jerarquía eclesiástica autóctona que reflejaba el crecimiento de las comunidades cristianas en el país asiático. La ceremonia en la sede de la cristiandad evidenciaba el compromiso de la Santa Sede con la inculturación de la fe y la promoción del clero local.

La ordenación de estos prelados chinos significó un paso decisivo en la estrategia misionera de la Iglesia, que buscaba fortalecer sus estructuras administrativas y pastorales en China mediante líderes originarios de la región. Pío XI, durante su pontificado, se caracterizó por impulsar la formación de obispos locales en diversas naciones, considerando esta medida fundamental para el desarrollo sostenible de la presencia católica en el mundo.

A lo largo de los cien años transcurridos desde aquel histórico evento, la Iglesia en China ha experimentado transformaciones complejas, enfrentando desafíos políticos y sociales. Sin embargo, el legado de aquella ordenación permanece como testimonio del compromiso eclesial con la evangelización en tierras orientales y con el protagonismo del episcopado nativo en la vida de la Iglesia universal.

Esta efeméride invita a la reflexión sobre el camino recorrido por las comunidades católicas chinas y sobre la importancia del clero local en la transmisión de la fe a través de los siglos.