Recordar es volver a pasar por el corazón. En esta fecha significativa, la Iglesia católica se detiene para conmemorar el aniversario de la muerte de Francisco de Asís, fundador de la orden que lleva su nombre y una de las figuras más influyentes en la historia del cristianismo.

Este es un momento propicio para dar gracias por su vida y su acción, cuya impronta continúa marcando el camino de innumerables creyentes en todo el mundo. Francisco nos legó una espiritualidad de la pobreza evangélica y el amor por toda la creación, valores que resuenan con particular intensidad en nuestro tiempo.

Su mensaje de paz, fraternidad y simplicidad trasciende los siglos. En un mundo marcado por la desigualdad y la explotación, la práctica franciscana de identificarse con los pobres y marginados sigue siendo profundamente actual. La opción preferencial por los últimos que caracterizó su vida continúa interpelando a la comunidad eclesial.

Recordar a Francisco no es meramente un ejercicio nostálgico. Es, ante todo, una invitación a renovar nuestro compromiso con los ideales que inspiraron su existencia. Desde la Santa Sede, la Iglesia insiste en que el legado franciscano debe permear nuestra pastoral y nuestro diálogo con el mundo.

En esta conmemoración, se nos convoca a hacer memoria activa de sus enseñanzas, permitiendo que su ejemplo ilumine nuestras decisiones cotidianas. La práctica de Francisco —su entrega incondicional, su alegría a pesar de las privaciones, su respeto por la naturaleza— sigue siendo el camino que nos permite construir una Iglesia más cercana a los pobres y más fiel al Evangelio.