El fraile agustino oriundo de Chicago, León XIV, volverá a pisar suelo peruano entre el 11 y el 16 de noviembre, regresando a su país de adopción tras haber vivido allí aproximadamente veinte años dedicado a la labor misionera.

Las razones por las que fue enviado a la nación andina en tres ocasiones son múltiples y hunden sus raíces en la larga tradición evangelizadora de su orden religiosa. Desde que América fue descubierta en 1492 por los occidentales, el continente se convirtió rápidamente en un vasto campo de evangelización para la Iglesia Católica.

Tras la conquista española, la Corona recurrió a las órdenes religiosas para llevar a cabo la conversión de los pueblos originarios. Los franciscanos (1502) y los dominicos (1510) fueron los primeros en emprender esta magna empresa de cristianización en territorio americano.

La orden de los agustinos, a la cual pertenece León XIV, se sumó posteriormente a esta misión evangelizadora que caracterizó varios siglos de presencia religiosa en América Latina. Su dedicación a la pastoral y la predicación en Perú refleja el compromiso histórico de su instituto religioso con las comunidades andinas.

Este retorno a Perú representa un reencuentro significativo del fraile con la tierra donde dedicó dos décadas de su vida religiosa al servicio de la Iglesia y sus fieles, consolidando así la presencia agustina en una región donde esta orden ha dejado profunda huella desde tiempos coloniales.