A un año del fallecimiento del papa Francisco, su huella permanece viva en los corazones de millones de fieles alrededor del mundo. El padre Antonio Spadaro, uno de los más estrechos colaboradores del pontífice argentino, reflexiona sobre el legado transformador que dejó este pastor de la Iglesia católica.

Según Spadaro, "para la Iglesia, el legado decisivo de Francisco es una comunidad abierta a todos, todos, todos". Esta filosofía de inclusión caracterizó toda la administración papal, rompiendo barreras tradicionales y extendiendo los brazos de la fe a los marginados, los pobres y los olvidados por la sociedad.

El jesuita subraya que Francisco no solo predicó el mensaje de amor universal, sino que lo encarnó mediante gestos concretos. Desde su llegada a la cátedra de Pedro en 2013, el papa revolucionó la forma de entender la misión evangelizadora, priorizando la compasión sobre el dogmatismo y la misericordia sobre el juzgamiento.

Su enseñanza sobre la "cultura del encuentro" se convirtió en piedra angular de su pontificado, promoviendo el diálogo interreligioso y el respeto por la diversidad. Francisco demostró que la Iglesia podía ser puente entre diferentes creencias y culturas, sin perder su identidad espiritual.

El padre Spadaro enfatiza que este legado representa un cambio paradigmático en la comprensión de la fe católica. No se trata solo de normas y tradiciones, sino de una Iglesia viva que escucha, que toca las llagas del mundo contemporáneo y que se atreve a cuestionar estructuras injustas.

La Iglesia que Francisco dejó es una institución renovada, desafiada a seguir su camino de humildad, cercanía y esperanza. Su grito de "¡Todos, todos, todos!" resuena como un llamado permanente a la inclusión, la solidaridad y el servicio a los más necesitados, marcando el rumbo de la fe católica para las generaciones venideras.