Lecturas de la misa
- Primera lecturaCarta de San Pablo a los Efesios 2,12-22
- SalmoSalmo 85(84),9ab-10.11-12.13-14
- EvangelioEvangelio según San Lucas 12,35-38
Jesús invita a sus discípulos a vivir en vigilancia constante, como siervos que esperan el regreso de su amo. Les pide estar preparados, con las lámparas encendidas y listos para abrir cuando él llegue. Promete una sorpresa maravillosa: el Señor mismo se sentará a servir a quienes lo encuentren velando, bendiciéndolos con su presencia y cuidado.
«Estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas.»Evangelio según San Lucas 12,35-38
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El Evangelio de hoy toca uno de los temas más profundos de la fe cristiana: la vigilancia espiritual. Jesús no habla de vigilancia ansiosa o neurótica, sino de una preparación serena y constante, consciente de que su regreso es el acontecimiento definitivo hacia el que marchamos todos.
La imagen que nos presenta es bella: siervos que esperan a su señor con lámparas encendidas. Las lámparas no son un detalle menor. Representan nuestra fe viva, nuestra esperanza encendida, nuestra disposición a reconocer la presencia de Dios en nuestras vidas. Una lámpara apagada es un corazón dormido, distraído, alejado de lo que realmente importa.
El mensaje central es que la vigilancia no es un peso que nos agobia, sino una actitud de amor. No vigilamos por miedo al castigo, sino porque esperamos con alegría el encuentro con quien amamos. Es como aquel que espera a alguien querido en la estación: la espera no es carga, es anhelo.
¿Cómo vivir esto hoy? En primer lugar, reconociendo que la vigilancia espiritual no significa abandonar el mundo. Significa hacer nuestras tareas cotidianas —trabajo, familia, compromisos— pero manteniendo el corazón atento a la presencia de Dios. Es la madre que cuida a sus hijos pero dedica tiempo a la oración; es el profesional honesto en su oficio porque sabe que Dios lo ve; es quien en medio del caos de la ciudad mantiene un espacio de silencio para escuchar.
La sorpresa que Jesús promete es revolucionaria: el Señor se pondrá a servir. En un mundo donde muchos buscan ser servidos, Jesús nos recuerda que el amor verdadero se expresa en el servicio. No espera pasivamente nuestro reconocimiento, sino que viene a darnos lo que necesitamos. Eso debería transformar cómo nos relacionamos con otros: con humildad, con disponibilidad, sabiendo que también nosotros estamos llamados a servir.
En la práctica, ¿qué significa esto? Significa no posponer indefinidamente la conversión. Significa no dejar para mañana la reconciliación con quien hemos herido. Significa que en cada decisión, en cada momento, preguntemos: ¿qué haría si supiera que el Señor llega ahora? No para vivir con angustia, sino para vivir con coherencia.
La vigilancia cristiana es, finalmente, confianza activa: confiamos en que Dios viene, y por eso vivimos de manera que esa llegada nos encuentre dispuestos, no asustados. Nuestras lámparas encendidas son nuestros actos de amor, de perdón, de justicia, de fe, brillando en la oscuridad del mundo.
Oración
Señor, ayúdame a mantener mi lámpara encendida en medio de las distracciones de cada día. Que no me adormezca en la comodidad, sino que permanezca atento a tu presencia y a tu voz. Dame el coraje de vivir como quien espera tu regreso, no con miedo, sino con la alegría de quien sabe que vienes a darnos la paz que el mundo no puede dar. Amén.
Santa María Bertila Boscardin
Santa María Bertila Boscardin fue una religiosa italiana de las Hermanas Maestras de Santa Dorotea, ejemplo de dedicación al servicio y la caridad, canonizada por la Iglesia católica.
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