Lecturas de la misa
- Primera lecturaLibro del Exodo 22,20-26
- SalmoSalmo 18(17),2-3a.3bc-4.47.51a-51b
- Segunda lecturaPrimera Carta de San Pablo a los Tesalonicenses 1,5c-10
- EvangelioEvangelio según San Mateo 22,34-40
Jesús responde a un fariseo que le pregunta cuál es el mandamiento más importante. Le señala que amar a Dios con todo el ser es lo primero, y que el segundo mandamiento —amar al prójimo como a uno mismo— es igual de fundamental. Estos dos mandamientos resumen toda la Ley y los Profetas: en ellos se encuentra el corazón de la fe cristiana.
«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu.»Evangelio según San Mateo 22,34-40
Lee el texto completo del Evangelio en Vatican News.
Hoy el Evangelio nos coloca ante una pregunta que resuena en el corazón de todo creyente: ¿cuál es lo esencial? En medio de normas, tradiciones y debates religiosos, un fariseo —quizá con intención de atrapar a Jesús— le pide que resuma la Ley en un solo mandamiento. La respuesta de Jesús es luminosa y transformadora.
El contexto es importante. Los fariseos se acercaban a Jesús con preguntas que parecían sinceras pero escondían la intención de cuestionarlo. Sin embargo, Jesús no responde con astucia, sino con verdad radical. Nos muestra que toda la complejidad de la vida religiosa, todos los 613 mandamientos que los maestros judíos enumeraban, se reducen a dos: amar a Dios y amar al prójimo.
Esto no es simplificación superficial. Es penetración profunda. Cuando amas a Dios con todo tu corazón, toda tu alma y todo tu espíritu, entonces naturalmente honras a tus padres, no matas, no robas, no cometes adulterio. Y cuando amas a tu prójimo como a ti mismo, la violencia, la injusticia y el egoísmo se disuelven. Los mandamientos no son una carga externa, sino el fruto de un corazón transformado por el amor.
¿Cómo vivirlo hoy? Tú, que vives en un mundo saturado de demandas, normas y voces que compiten por tu atención, necesitas esta brújula. Pregúntate: ¿amo a Dios con todo mi ser? No se trata solo de ir a misa o rezar. Es dejarte amar por Él, responder con tu entera existencia. En tu trabajo, en tus decisiones económicas, en cómo cuidas tu cuerpo, en tu relación con el tiempo.
Y el segundo mandamiento es igual de exigente. Amar al prójimo como a ti mismo significa reconocer en cada persona —el compañero de trabajo, el vecino, el migrante, el que piensa diferente— la misma dignidad que reclamas para ti. No es sentimentalismo. Es justicia. Es luchar contra la pobreza, la soledad, la marginación. Es escuchar, perdonar, compartir.
En tu familia, ¿hay alguien alejado? En tu comunidad, ¿hay alguien olvidado? Estos dos mandamientos son tu invitación a la acción. No puedes amar a Dios al que no ves si no amas al prójimo al que sí ves.
Oración
Señor Jesús, dame un corazón capaz de amarte sin reservas, que ame tu Nombre y tu voluntad. Y coloca en mí la compasión para ver a cada hermano como tú lo ves, con misericordia y dignidad. Que estos dos mandamientos no sean solo palabras, sino el pulso de mi vida. Amén.
San Mauro de Pécs
San Mauro fue un religioso benedictino y obispo de Pécs en el siglo XI, ejemplo de dedicación monástica y servicio pastoral a su grey.
Conoce su vida →Noticias del Vaticano en tu email
Recibe el Evangelio del día cada mañana y el resumen semanal de noticias del Vaticano.
Sin spam. Privacidad