Se casaron hace dos, diez o treinta años. Hoy, ya divorciados o separados de su cónyuge, estos hombres y mujeres han decidido vivir solos, permaneciendo fieles al sacramento del matrimonio que un día pronunciaron ante Dios y la Iglesia.

Para apoyar esta vocación particular existe un movimiento eclesial dedicado específicamente a ellos: la Comunión Nuestra Señora de la Alianza, que cuenta con cerca de 300 miembros en Francia y Bélgica. La intuición fundacional de este movimiento es mantenerse fiel al sacramento a pesar de la separación y apoyarse en Cristo como fuente de gracia.

El movimiento, que surgió en 1983, ofrece regularmente sesiones y peregrinaciones para que sus miembros compartan su experiencia de fe y encuentren acompañamiento espiritual en su particular camino de entrega. Emmanuel, de Essonne (91), ha sido comoderador de la comunidad durante los últimos cuatro años, trabajando por fortalecer la red de personas que viven esta realidad.

Para estos hombres y mujeres, la separación o el divorcio no significa el fin de su compromiso con el sacramento. Al contrario, buscan vivir plenamente su vocación matrimonial desde la soledad, reconociendo que Dios siempre ha estado a su lado en este camino de fidelidad y entrega.