No existe ningún documento histórico que permita afirmar con certeza que la Virgen María escribiera cartas durante su vida. Sin embargo, una antigua tradición, recogida sobre todo en La Leyenda Dorada, obra medieval del beato Santiago de Vorágine, evoca un intercambio de cartas entre la Madre de Dios y san Ignacio de Antioquía.
Nacido en Siria hacia el año 35 d. C., san Ignacio fue discípulo de san Juan el Evangelista. Posteriormente se convirtió en obispo de Antioquía y en una de las grandes figuras de la Iglesia de los primeros siglos, ocupando un lugar destacado en la tradición cristiana primitiva.
Esta tradición, transmitida a través de los siglos mediante obras hagiográficas y textos eclesiásticos medievales, forma parte del rico patrimonio de leyendas y relatos que rodean la vida de los primeros santos de la cristiandad. Aunque carecen de verificación documental, estas historias han inspirado la devoción de los fieles y han enriquecido la tradición espiritual de la Iglesia.
Cabe destacar que se desconoce la fecha exacta de la Asunción de la Virgen, un misterio que ha sido objeto de reflexión teológica a lo largo de la historia de la Iglesia.