En un hito histórico para las relaciones entre la Iglesia católica y el pueblo judío, el 28 de octubre de 1965 fue publicada la «Declaración Nostra Aetate», documento que marcó un punto de inflexión en la doctrina eclesiástica.

Esta declaración oficial de la Iglesia católica eximió por primera vez a los judíos de la acusación histórica de deicidio, es decir, de la responsabilidad colectiva en la muerte de Jesús. Durante siglos, esta acusación había fundamentado prejuicios y persecuciones contra las comunidades judías en todo el mundo cristiano.

El documento representa un cambio significativo en la posición oficial de la Santa Sede respecto a las relaciones interreligiosas y la comprensión histórica de los eventos que rodearon la crucifixión de Jesús. La publicación de Nostra Aetate reflejó la voluntad de la Iglesia de promover el diálogo y la comprensión mutua entre cristianos y judíos.

Este reconocimiento oficial ha sido considerado un paso crucial en la reconciliación histórica entre ambas comunidades religiosas y en la construcción de puentes de entendimiento mutuo en el contexto del siglo XX.