Lecturas de la misa
- Primera lecturaCarta de San Pablo a los Filipenses 2,5-11
- SalmoSalmo 22(21),26b-27.28-30a.31-32
- EvangelioEvangelio según San Lucas 14,15-24
Jesús cuenta la parábola de un banquete al que nadie quiere asistir. Los invitados ponen excusas: negocios, compras, matrimonio. El dueño, indignado, ordena traer a los marginados: pobres, enfermos, ciegos. La casa se llena de quienes no esperaban ser llamados. Así es el Reino de Dios: rechaza a los autosuficientes y abre las puertas a los humildes.
«Ninguno de los que antes fueron invitados ha de probar mi cena.»Evangelio según San Lucas 14,15-24
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Hermano, esta parábola de Jesús golpea profundo. No habla solo de un banquete cualquiera, sino de la invitación más importante: la del Reino de Dios. Y lo primero que te pide que veas es una verdad incómoda: hay gente que rechaza esa invitación sin siquiera pensarlo.
Los invitados de la parábola tienen excusas que suenan razonables. El campo que acaba de comprar, los bueyes que necesita probar, el matrimonio reciente. Cosas legítimas, ¿verdad? Pero Jesús las presenta como lo que realmente son: pretextos para no responder al llamado más importante. El mensaje es claro: cuando priorizamos nuestras seguridades, nuestros planes, nuestras posesiones por encima de la relación con Dios, nos cerramos a la invitación del Reino.
¿Y qué sucede entonces? Algo hermoso y revolucionario. El dueño no cancela el banquete ni se lamenta. Ordena traer a los que la sociedad descarta: los pobres, los lisiados, los ciegos, los paralíticos. Los que nada tienen que ofrecer, los que no pueden "reciprocar". Aquellos que saben que necesitan ser invitados, que no pueden llegar por sus propios méritos.
En tu vida cotidiana, ¿cuáles son esos campos, esos bueyes, esos matrimonios que te distraen? Quizá es tu trabajo absorbente, tu ambición profesional, tus planes de fin de semana. No son malos en sí, pero se vuelven peligrosos cuando te alejan de lo esencial: cultivar tu relación con Dios, alimentar tu fe, estar atento a la invitación continua que Jesús te hace a su mesa.
La verdadera pregunta no es si tienes tiempo para Dios, sino si lo haces una prioridad. Porque el banquete sigue en pie. La Eucaristía cada domingo, la oración diaria, la comunidad eclesial: todas son formas concretas en que Jesús te sigue invitando.
Y hay más. Esta parábola también te enseña humildad. ¿Te ves identificado con los pobres y lisiados que finalmente son invitados? Todos lo somos ante Dios. No llegamos a su mesa por nuestros méritos, sino por su misericordia gratuita. Aceptar la invitación significa reconocer que necesitamos su gracia, que solos no somos suficientes.
Hoy, reflexiona: ¿Qué excusas te están alejando de la intimidad con Dios? ¿Qué necesitas soltar para ocupar ese lugar en su mesa? No es tarde. La invitación sigue abierta. Pero hay urgencia en responder, porque otros hambrientos están esperando su turno.
Oración
Señor, reconozco que muchas veces te pongo en segundo lugar. Abre mis ojos para ver mis excusas y dame el valor de priorizarte. Que como los pobres y marginados de tu parábola, descubra que mi verdadera dignidad está en ser llamado por ti. Ayúdame a responder a tu invitación cada día. Amén.
San Ermengol de Urgel
San Ermengol de Urgel fue obispo de la Seo de Urgel desde 1010 hasta 1035, pastor de la fe en el Pirineo catalán durante el medievo.
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