Lecturas de la misa
- Primera lecturaCarta de San Pablo a los Filipenses 3,3-8a
- SalmoSalmo 105(104),2-3.4-5.6-7
- EvangelioEvangelio según San Lucas 15,1-10
Jesús cuenta dos parábolas sobre la búsqueda apasionada: el pastor que abandona noventa y nueve ovejas para encontrar la perdida, y la mujer que busca incansablemente su moneda extraviada. En ambos casos, el hallazgo genera alegría compartida. Jesús enseña que el cielo se regocija más por un pecador que se convierte que por muchos justos, revelando el amor infinito de Dios por cada persona.
«Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos.»Evangelio según San Lucas 15,1-10
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La búsqueda incansable del amor
Hoy el Evangelio nos presenta a un Jesús que acoge a los publicanos y pecadores, provocando la indignación de fariseos y escribas. No es casualidad que Jesús responda con estas dos parábolas: no son lecciones abstractas, sino revelaciones del corazón de Dios. Nos muestra que Dios no se resigna ante lo perdido, sino que lo busca activamente, con la urgencia de quien sabe que cada persona tiene un valor infinito.
La primera imagen es la del pastor. Deja las noventa y nueve ovejas para ir tras la descarriada. No es lógica comercial: una oveja entre cien parece insignificante. Pero Dios no piensa así. Para Él, cada uno de nosotros es tan importante que merece su búsqueda personal. Y cuando encuentra lo perdido, no guarda la alegría: la comparte, convoca a amigos y vecinos. La conversión de un pecador es causa de fiesta en el cielo.
La segunda parábola refuerza el mensaje con la mujer y la dracma. Una moneda entre diez. Enciende la lámpara, barre meticulosamente, busca con cuidado. Aquí vemos a Dios como alguien que se humilla, que ensucia sus manos, que no se avergüenza de buscar lo pequeño, lo que parece perdido sin remedio. Y los ángeles de Dios se alegran por esa conversión.
¿Cómo vivir esto hoy? Tal vez te sientes perdido. Quizá has cometido errores que te parecen imperdonables, o conoces a alguien alejado de Dios, y piensas que ya es demasiado tarde. El Evangelio te dice hoy: no lo es. Dios sigue buscando. No ha renunciado a ti ni a nadie.
En tu vida cotidiana, esta enseñanza te invita a mirar a otros con los ojos de Dios. Ese compañero de trabajo que comete errores constantemente, ese familiar que ha tomado mal camino, ese amigo que falta a misa cada domingo: todos ellos son ovejas por las que Dios sigue buscando. Tú también eres llamado a ser instrumento de esa búsqueda divina, con paciencia, sin juzgar, sin dar por perdida a nadie.
La Iglesia entera es esa comunidad que se reúne para celebrar cada conversión. No como si fuera poco importante, sino reconociendo que en cada arrepentimiento late el misterio del amor de Dios que no cesa de buscar a sus hijos.
Oración
Señor, gracias porque nunca dejas de buscarme, incluso cuando yo mismo me pierdo. Ayúdame a sentir tu amor incansable y a llevar esa misma ternura a quienes me rodean. Que juntos celebremos, contigo, cada regreso al camino. Amén.
San Zacarías Isabel
San Zacarías e Isabel, padres del Bautista, vivieron su fe con fidelidad a pesar de la esterilidad, y vieron en su ancianidad el cumplimiento de las promesas de Dios.
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