Lecturas de la misa
- Primera lecturaCarta de San Pablo a los Filipenses 3,17-21.4,1
- SalmoSalmo 122(121),1-2.3-4a.4b-5
- EvangelioEvangelio según San Lucas 16,1-8
Jesús cuenta la parábola de un administrador despedido que, ante su desgracia inminente, reduce fraudulentamente las deudas de los clientes de su patrón para ganarse amigos. El señor, sorprendentemente, alaba su astucia. La lección invita a reflexionar sobre cómo los mundanos son más sagaces que los creyentes en asegurar su futuro.
«Los hijos de este mundo son más astutos en su trato con los demás que los hijos de la luz.»Evangelio según San Lucas 16,1-8
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Esta parábola desconcertante de Jesús ha intrigado a generaciones de lectores. A primera vista, parece que el Señor elogia la corrupción y el engaño: un administrador estafa a su patrón y recibe aplausos. Pero Jesús nunca nos invita a imitar el fraude. Lo que admira es la astucia estratégica, la inteligencia práctica con que el administrador se asegura un futuro cuando todo se derrumba.
El corazón del mensaje está en esa comparación final: los hijos de este mundo —quienes viven por lograr seguridad material— demuestran más ingenio, más previsión, más energía que los hijos de la luz. Nosotros, los creyentes, decimos servir a Dios y confiar en su providencia, pero ¿dedicamos realmente esa inteligencia y esfuerzo a asegurar nuestro futuro espiritual?
Aquí reside la provocación. No se trata de ser deshonesto. Se trata de ser despierto. El administrador vio el peligro, actuó con urgencia y buscó soluciones. ¿Hacemos nosotros lo mismo respecto a nuestra alma? ¿Invertimos tiempo, talento y recursos en lo que verdaderamente perdura?
En tu vida diaria, esto tiene consecuencias claras. Tal vez dediques horas a planificar tu carrera profesional, tus ahorros, tu seguridad económica. Eso no es malo. Pero ¿cuánto tiempo dedicas a tu formación espiritual? ¿A conocer mejor la fe? ¿A servir a otros? ¿A construir una relación profunda con Dios? Si un hombre mundano se mueve con tal determinación para asegurar treinta años de comodidad, ¿no deberías tú mover cielo y tierra por la eternidad?
La parábola también cuestiona nuestras prioridades. El administrador usa sus recursos disponibles —aunque sea de forma cuestionable— pensando en relaciones futuras. Los creyentes tenemos recursos infinitamente mayores: la gracia de Dios, los sacramentos, la comunidad eclesial, la Palabra. ¿Los aprovechamos con la mitad de la dedicación que el mundo dedica a sus fines pasajeros?
No se trata de perfeccionismo culpable. Se trata de coherencia inteligente. Si decimos que Dios es lo primero, que la eternidad es lo que importa, que Cristo es nuestro tesoro, entonces actuemos como quien realmente cree eso. Sé astuto como el administrador, pero no para defraudar: para invertir sabiamente tu tiempo, tus talentos, tu amor en lo que no perece.
Oración
Señor, despierta en mí la inteligencia del corazón. Que no sea perezoso en mi fe ni dormido en mi amor por ti. Que use cada día, cada recurso, cada oportunidad para construir mi casa en la roca de tu Palabra. Que sea tan ingenioso sirviendo tu Reino como el mundo lo es sirviendo sus intereses. Amén.
San Leonardo Noblac
San Leonardo Noblac fue un ermitaño de origen francés, venerado en la Edad Media como protector de los cautivos y los prisioneros.
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